sábado, 1 de octubre de 2011

Nuestras actividades




Los días 29 y 30 de Agosto se llevó a cabo la Jornada de Planificación Pastoral de la Arquidiócesis en Punta de Tralca. Como todos los años, se hizo una evaluación, un discernimiento y una planificación. El telón de fondo fue que la Iglesia, al pasar por una etapa crítica, vuelve a lo esencial y reafirma su identidad y su misión. Antes de la síntesis final, hecha por el Sr. Arzobispo, y como aporte al discernimiento realizado en los equipos de trabajo, se pidió al sociólogo Pedro Güell un aporte técnico acerca del escenario en que se desarrollará la vida de la Iglesia en el próximo tiempo. La exposición fue extraordinariamente esclarecedora.

La línea pastoral para el próximo año acentuará la Gran Misión de la Juventud. El Sr. Arzobispo fue enfático al recordar que es la Iglesia entera la que participa en esa misión en que se pretende abrir un espacio amplio a los jóvenes para que descubran a Cristo y se transformen en discípulos.  También la Pastoral Hospitalaria deberá entregar su aporte.

El día del enfermo, 15 de setiembre, se celebró solemnemente en varios hospitales.

REFLEXIÓN ACERCA DE LA IGLESIA EN TIEMPO DE CAMBIO



En la Jornada de Planificación Pastoral de la Arquidiócesis de Santiago en Punta de Tralca, que se realiza cada año, esta vez se constató que la Iglesia está pasando por un momento crítico y que, como es su costumbre ancestral, en tales circunstancias naturalmente tiende a volver sus ojos a LO ESENCIAL. Por esa razón, vuelve nuevamente a preguntarse por su identidad y misión. Los planes pastorales para cada etapa deben tener siempre ese telón de fondo. Desde esa perspectiva es claro que las acentuaciones pastorales no pueden olvidar nunca que su compromiso fundamental es mantener su vocación de seguimiento de Cristo y de identificación con su persona y misión. Esto significa, como recordaba el Sr. Arzobispo, volver a hacer consciente que la Iglesia es una comunidad que prolonga a lo largo de la historia la Persona de Cristo redentor y, por lo mismo, es esencialmente MISIONERA ya que su objetivo no es ella misma sino la VENIDA DEL REINO DE DIOS para que el mundo tenga VIDA EN PLENITUD. Es así como en este momento vuelve a hacer consciente que su Misión de ser signo de salvación en Cristo es siempre la misma en cada época de la historia y que esa misión involucra a cada cristiano y a todas sus comunidades. Lo que va cambiando es el escenario en que la realiza y con eso las tareas específicas que deben asumir quienes son auténticos discípulos de Cristo.

Para cumplir su misión, la Iglesia debe transformarse en un SIGNO VISIBLE Y COMPRENSIBLE de la presencia del Salvador. Eso le exige en cada etapa de su historia revisar el lenguaje y las formas de expresión de su mensaje para erradicar todo aquello que lo opaca o lo torna incomprensible. Esta es una urgencia en este momento. Es preciso purificar y vitalizar el signo de la presencia del Señor, que es lo que le da sentido a la Iglesia.

El Sr. Arzobispo nos recordaba que ese SIGNO VISIBLE se logra a través de la encarnación de sus CUATRO DIMENCIONES específicas. Se hace visible y efectiva en la medida en que asume e implementa cuatro ejes:
En primer lugar LA PALABRA. La Iglesia vive de la revelación que le llega a través de la Escritura. Su tarea es transmitir fielmente esa revelación por medio de las diversas formas de evangelización, catequesis, homilías, apostolado, etc. La Iglesia nos recuerda que los padres de familia católicos deben ser los primeros evangelizadores con su palabra y ejemplo y que los sacerdotes deben procurar iluminar fielmente a los fieles con la revelación para que escuchen la voz del Señor y la lleven a su vida cotidiana. La evangelización debe impregnar cada actividad incluso cuando realiza labores de servicio material, p.ej., cundo se empeña en construir mediaguas.
En segundo lugar, el signo de la presencia del Señor en su Iglesia se manifiesta por LA COMUNIÓN FRATERNA. Es el signo más claro y exigente que dejó Jesús. El nos dice “mirad como se aman, en eso conocerán que son mis discípulos”. Esto exige cultivar en forma prioritaria y realista el amor de hermanos en cada comunidad de Iglesia, en cada parroquia, capilla, movimiento o voluntariado.
En tercer lugar el signo de la Iglesia se hace visible y creíble por EL SERVICIO. La Iglesia debe realizar múltiples servicios gratuitos en beneficio de los más necesitados. Con su servicio se hace creíble como Buena Noticia para todos.
Por último, el signo se renueva y vitaliza a través de LA LITURGIA. La celebración de los misterios que alimentan y expresan su fe le permite encontrar el sentido y obtener la fuerza para realizar su misión.
 Nuestro Pastor nos invita a asumir e implementar una PASTORAL ORGÁNICA en que estén presentes y vivos esos cuatro ejes. Es una responsabilidad de todos sus miembros por la búsqueda de esa comunión operativa (parroquias, colegios, movimientos, etc.).
En las circunstancias actuales, en que se perciben tantas dificultades, el Pastor nos invita a ACTUAR CON AUDACIA. Nos recuerda las palabras del Señor: “No tengan miedo”. En un momento crítico se nos pide vencer los temores y los pesimismos y actuar con audacia, es decir, salir de posturas cómodas para entregar nuestro mensaje con valentía incluso en un ambiente adverso. A eso se refiere la expresión “CONVERSIÓN PASTORAL” a la que nos invita la Quinta Conferencia del Episcopado en Aparecida.
 El TESTIMONIO que se pide a todos los cristianos hoy día exige un discipulado que asuma como estilo y meta el proyecto de Cristo que llega a la resurrección pasando por la cruz. La coherencia de vida exige el heroísmo de la cruz.

Vayan y hagan discípulos


 «Los once discípulos marcharon a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Y al verle le adoraron; algunos sin embargo dudaron. Jesús se acercó a ellos y les habló así: « Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, y hagan discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo les he mandado. Y he aquí que yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo.»  Mateo 28, 16-20

  • Jesús ha terminado su misión aquí en la tierra, se despide y les da la última instrucción a sus discípulos. 

  • El mandato de ir por el mundo llevando su mensaje para que todos lleguen a ser sus discípulos sigue vigente y es lo que le da sentido a la Iglesia. 

  • El bautismo, que recibimos para nuestra incorporación en Cristo, lleva intrínsecamente el compromiso de anunciar a todos los hombres la llegada del Reino de Dios en Cristo y la esperanza de la salvación. 

  •  El bautizado debe ser discípulo y testigo que anuncia la Buena Nueva.

En un tiempo en que la Iglesia está llamada con urgencia a una purificación y a una renovación, es preciso recordar y encarnar lo que nos mandó el Señor antes de su partida.

jueves, 1 de septiembre de 2011

Nuestras actividades




El Sr. Arzobispo nos ha pedido dar un paso hacia una mejor estructuración de nuestra pastoral. Desde ahora la Pastoral Hospitalaria se debe integrar, junto con la Pastoral de la Salud, a la Vicaría de la Pastoral Social, que está a cargo del nuevo Vicario Mons. Andrés Moro. En el proceso de integración se ha comenzado a tener las primeras conversaciones.
Los días 29 y 30 de agosto se llevó a cabo la Jornada de Evaluación y Planificación Pastoral de la Arquidiócesis. En ella se analizó la acentuación pastoral para 2012 desde la perspectiva de conversión pastoral que planteó Aparecida. A partir del próximo año comenzará una gran misión de los jóvenes. El llamado del Pastor es que nadie se sienta excluido de esa misión. La Iglesia es una y su misión es única aunque cambien los escenarios y las acentuaciones. Cada uno desde su ámbito debe asumir la orientación común.
Don Ricardo insistió especialmente en la necesidad de asumir una Pastoral Orgánica en la estuvieran claramente presente los cuatro ejes o dimensiones de la misión de la Iglesia: La Palabra como fuente de la evangelización, la Comunión como signo distintivo y testimonio, el Servicio, que hace creíble el signo eclesial y la Liturgia, que renueva la fe. También nuestra Pastoral Hospitalaria debe asumir conscientemente estas cuatro dimensiones de la misión eclesial.

De nuestra pastoral


Estamos conscientes de que la devoción a la Santísima Virgen María representa un factor potente para la vitalidad de la Iglesia en nuestra Patria. La Pastoral Hospitalaria, como todas las pastorales, no puede sentirse ajena al esfuerzo de renovación y purificación que está haciendo la Iglesia en la etapa difícil por la está pasando. Por esa razón, siendo tan importante la piedad mariana en la vida de los fieles, es importante que, como Pastoral, reflexionemos acerca de su función renovadora y de las condiciones que debe cumplir para contribuir fecundamente a la renovación de la Iglesia.
La Iglesia nos enseña que la piedad mariana juega un rol fundamental en el cultivo de la vitalidad de la Iglesia siempre que cumpla con dos condiciones básicas: que tenga un claro sello cristológico y una marcada impronta trinitaria. Esto significa que una devoción a María que la vea sólo como “la Madre del pan”, esto es, la persona milagrosa a la que se recurre para pedir favores, desvirtuaría su verdadero sentido. A ella la vemos siempre junto a Cristo en la realización del plan de redención. Desde el comienzo de la Iglesia María está llamada a ser educadora del cristiano. A ella corresponde formar a Cristo en el corazón de cada discípulo, impulsando así a una actitud filial frente al Padre y a una apertura del corazón ante la acción del Espíritu Santo. La dimensión trinitaria debe estar presente en cualquier manifestación de una auténtica devoción a María en el sentido del Evangelio. Cuando Benedicto XVI se queja  de que en la Iglesia se nos han ido acumulando muchas cosas superfluas, en gran medida se refiere a las deformaciones que se han producido en el culto a María. Él no está rechazando el uso de imágenes, rosarios, escapularios, etc., sino al hecho de que esas formas populares de devoción distraigan de lo esencial que es formar a Cristo en el corazón de cada discípulo. Los rasgos mágicos o puramente pedigüeños de la piedad mariana la desvirtúan.
En el esfuerzo de renovación y purificación de la Iglesia, María, la Educadora de la fe, debe ser considerada como la Gran Misionera, la Portadora de Cristo y el Modelo perfecto del discípulo. Ella, como ya comenzara a hacerlo en las bodas de Caná, nos sigue invitando al seguimiento de Cristo: “Hagan lo que él les diga”.
En la reflexión que ha surgido a partir del Concilio Vaticano II, se ha llegado a la conclusión de que en la formación cristiana de nuestros pueblos latinoamericanos se ha mostrado, ciertamente, a María en toda su grandeza, pero el lado débil de esa formación ha sido no insistir suficientemente en la relación de María con Cristo y con la Iglesia. Eso hace que muchas veces la piedad mariana popular aparezca sentimental, ocasional y unilateral. Siendo así no contribuye, como debería, a la transformación del hombre y de la sociedad. Una auténtica piedad mariana conduce a la Santísima Trinidad y orienta al descubrimiento y encarnación de la verdadera imagen del hombre, ayudándole a conquistar su plena dignidad. A cultivar ese tipo de devoción mariana nos invita la Iglesia en este momento.

He ahí a tu madre



 
«Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo.» Luego dice al discípulo: «Ahí tienes a tu madre.» Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa.»  Juan 19, 25-27

  • Es el momento culminante del ministerio de Cristo sobre la tierra. Ya lo ha entregado todo, queda solamente su Madre, el tesoro más preciado que quería compartir con los suyos.

  • Juan, representando a todos los seguidores de Cristo a lo largo de la historia, está con María al pie de la cruz. En ese momento sublime el discípulo fiel recibe a María como Madre, pero en realidad no es sólo Juan, es la Iglesia entera la que recibe a María como su Madre y Educadora.

  • Desde su inicio la Iglesia entendió que el legado de Cristo desde la cruz era un tesoro inapreciable que debía poner en el centro de su vida. María ha jugado siempre el papel de Madre-Educadora. También hoy día ella debe hacer nacer a Cristo en cada corazón y ayudarlo a llegar a la plenitud de la vida.

En un tiempo en que la Iglesia está llamada con urgencia a una purificación y a una renovación, es indispensable mirar más de cerca el papel que debe jugar la devoción a María en la vida de la Iglesia. Esto vale especialmente para un continente que es naturalmente mariano.
La experiencia muestra que también la devoción a María se puede distorsionar. Muchas veces a lo largo de la historia han proliferado formas inadecuadas de piedad mariana. Por esa razón, ahora, en un momento crucial, es preciso cimentar en la revelación la relación con la Santísima Virgen ubicándola en el contexto global de la fe cristiana a fin de que nuestra querida Madre pueda cumplir su misión de educarnos llevándonos a una relación filial con el Padre, al seguimiento e identificación con el Hijo y la apertura y docilidad frente al Espíritu. 

miércoles, 10 de agosto de 2011

Nuestras actividades


El martes 2 los Capellanes de hospitales tuvieron un encuentro con el Sr. Arzobispo. Junto con entrar en un diálogo orientado a conocer el grupito de capellanes que presta su servicio en los hospitales de Santiago, Don Ricardo aprovechó en dar algunas orientaciones. Concretamente nos pidió esforzarnos por estructurar una pastoral orgánica en la que estuvieran presentes sus cuatro componentes fundamentales: el apoyo en la Palabra de Dios, una acción hecha a partir de la comunión fraterna, como signo del discipulado, el cultivo de una auténtica actitud de servicio y la orientación litúrgica a través de los sacramentos. Junto con esa orientación, invitó a hacer un esfuerzo por lograr una formación que permita ofrecer un servicio pastoral cada vez más eficiente. Se comentaron las diversas instancias de formación que se ofrecen actualmente en Santiago en el ámbito de la salud y que sirven de complemento al programa de formación básica que ofrece la Arquidiócesis.

El martes 3 tuvimos el envío de dos nuevas misioneras de la Virgen Peregrina en el Hospital Sótero del Río. Aprovechamos la ocasión también para clarificar la relación que debe existir entre las Unidades de Acompañamiento Espiritual, una laudable iniciativa del Estado, y la Pastoral Hospitalaria, una actividad ordinaria de la Iglesia Católica. Se vio que era importante la coordinación y el apoyo mutuo, evitando las confusiones en las diversas funciones que les corresponde a ambas instituciones.