viernes, 24 de diciembre de 2010

La medicina a la luz de la encarnación


En el misterio de la Encarnación de Cristo se unen los dos elementos, lo investigable y lo ininvestigable, la ciencia y el misterio 
Autor: Cardenal Darío Castrillón Hoyos | Fuente: http://es.catholic.net



Es un momento históricamente muy significativo en el que nuestra mente y nuestro corazón buscan penetrar el misterio de la encarnación del Verbo, una verdad de fe que todavía nos parece difícil de aceptar con nuestra pobre inteligencia humana.

En el misterio de la Encarnación de Cristo se unen los dos elementos, lo investigable y lo ininvestigable, la ciencia y el misterio.Tenemos que hacer violencia a nuestra mente para descubrir en el misterio del desarrollo de un embrión humano al Verbo de Dios que se hace hombre.

Apenas hoy, 2000 años después del nacimiento de Cristo, estamos en condiciones de describir todas las etapas del proceso del desarrollo del embrión, pero seguimos echando mano de la fe para comprender que el Dios que da la vida, el Creador, el Señor de todas las cosas, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, el Verbo de la misma naturaleza del Padre(1),estuvo presente en todas y cada una de las fases del desarrollo embrionario. Ese y sólo ese es el significado profundo de la frase evangélica: "El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros".(2)

Hace dos mil años, un óvulo fue fecundado prodigiosamente por la acción sobrenatural de Dios.

¡Qué hermosa expresión: "El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios"!.(3) Así, de esa maravillosa unión, resultó un zigoto con una dotación cromosómica propia. Pero en ese zigoto estaba el Verbo de Dios. En ese zigoto se encontraba la salvación de los hombres.

Unos siete días después, se produjo el adosamiento del blastocito en la mucosa del endometrio y Dios se redujo a la nada que es un embrión humano. Pero ese embrión era el Hijo de Dios y en Él estaba la salvación de los hombres.

Ese huevo alecítico se fue desarrollando paulatinamente y, a medida que progresaba la segmentación del huevo, iniciaron su diferenciación y crecimiento los esbozos de tejidos, órganos y aparatos embrionarios. Y ese huevo alecítico era el Hijo de Dios, la Segunda Persona de la Trinidad, y en Él estaba la salvación de los hombres, de todos los hombres, de cada ser humano(4).

Y, todavía en el primer mes del embarazo, cuando el feto medía ya de 0,8 a 1,5 centímetros, el corazón de Dios comenzó a latir con la fuerza del corazón de María, y comenzó a utilizar el cordón umbilical para alimentarse de su Madre, la Virgen Inmaculada.

El Verbo de Dios era absolutamente dependiente de un ser humano, pero poseía una total autonomía genética.

Todavía tendrían que trascurrir nueve meses en los que el Verbo de Dios flotó en el líquido amniótico, dentro de la placenta que le protegía del frío y del calor y le daba alimento y oxígeno, antes de nacer en Belén y ver el primer rostro humano, seguramente el de su Madre, con unos ojos recién abiertos.

Así fue como Jesucristo, llegó a ser el primogénito de toda criatura(5), el nuevo Adán de la nueva creación.

El Hijo de Dios redimió la creación desde la obra más maravillosa de ella, el ser humano. La redención del hombre comenzó desde un estado embrionario. Por eso, el médico católico debe pasar por esta lente para comprender su misión: el Hijo de Dios fue un zigoto, un embrión y un feto, antes de juguetear por las calles de Nazaret, predicar en las orillas del mar de Galilea, o morir crucificado en las afueras de Jerusalén. El Hijo de Dios asumió completamente y, sin rebajas, la vocación de ser hombre.

Medicina y creación 

La ciencia en el siglo XX ha cumplido grandes adelantos. Ha logrado individuar prácticamente todo el código genético humano, ha roto el misterio del origen de la vida y ha penetrado profundamente en el proceso de la concepción. Sin embargo, tiene todavía una asignatura pendiente: el estudio del hombre en cuanto hombre, en toda su hondura.

No el hombre como biología, ni el hombre como psicología, sino la esencia humana, el hombre en su profundidad: sus ideales, sus miedos más inconfesables, sus motivaciones, sus preguntas y sus respuestas, sus convicciones, su afectividad, su capacidad de superación, sus decepciones, su amor y su dolor.

Se puede decir que la ciencia se queda a las puertas del espíritu humano como ante un campo extraño en el que es imposible penetrar.

Pero hay una persuasión en el científico que se acerca con honradez al estudio del hombre: no todo termina en la genética, ni en la psicología, ni en la psiquiatría. Hay un espíritu que supera biología, física, química y matemáticas, que llama la atención, el mismo espíritu que hace posible toda investigación.

El hombre es una unidad psicosomática, soma y psique. Desde el estado embrionario encierra un misterio y una dignidad especial, la del ser espiritual. Y la medicina no se puede olvidar de esto.

Hoy, cuando vemos a seres humanos vivos usados como material de laboratorio o desechados en la forma de embriones congelados, cuando vemos a enfermos terminales aislados en salas equipadas con los últimos adelantos de la técnica, pero abandonados del afecto y la cercanía de los suyos, viene a la mente una pregunta: ¿no se está olvidando la ciencia de lo más profundo del hombre y no está simplemente despreciando aquello que se escapa de su campo de estudio?

El misterio del hombre es el misterio de un ser que es ciudadano de dos mundos.

¿Animal? sí. ¿Biológico? sí. Pero dotado de un espíritu inasible, insondable. Hijo de Dios, hermano de Jesucristo. Un ser que es social por naturaleza y que necesita de la presencia humana de los suyos para no sentirse extraño en su medio ambiente. Criatura imperfecta que sufre el dolor, pero criatura redimida por Cristo.

Las Unidades de Cuidados Intensivos donde tantos pacientes se debaten entre la vida y la muerte, han sido ocupadas por la técnica, y sea bienvenida, dejando fuera la presencia confortadora de la familia o el solícito apoyo espiritual del sacerdote. La técnica parece haber vencido sobre las consideraciones espirituales del ser humano, cuando realmente es necesaria la complementariedad: ¿técnica? sí; pero sin olvidar esa dimensión íntima del espíritu humano que se sigue escapando de las manos de la ciencia médica: "Sabed que el ser humano sobrepasa infinitamente al ser humano".(6) ¡Qué trágico ha de ser para un pediatra ver que de sus manos expertas, se escapa la vida del hijo!.

Frecuentemente da la impresión de que en el enfermo no se ve a una persona humana, sino a un individuo biológico; algo muy explicable dada la tecnificación del tratamiento médico, pero algo que no responde a la naturaleza humana del enfermo, persona que sufre, porque "el enfermo quiere sentir que la enfermedad es comprendida como un acontecimiento vital, y la sanación como un acto que ayuda a la vida, no como la mera reparación del defecto de una máquina. Pero a su vez, esto resulta imposible sin una determinada actitud ética, es decir, sin el profundo respeto a la vida y sin la correspondiente simpatía hacia ella. Acentuar todo esto no es sentimentalismo, antes al contrario, pertenece a la esencia de la actitud sanitaria".(7)

El hombre debe ejercer el dominio de la creación que Dios le ha encomendado,8 pero el dominio de la creación comienza por el dominio de sí mismo. El médico es seguramente alguien que vive con más claridad esta lucha por dominar la creación en la esfera de la vida y ponerla al servicio del hombre. Desde la investigación o las curas, él está luchando por captar en su profundidad los comportamientos de la naturaleza y orientarlos hacia el bien del ser humano, hacia la conservación de la vida. Pero no debe olvidar que esto lo debe hacer a partir de sí mismo, de las moléculas de su propio ser, desde sus propios dolores y ansiedades, desde sus temores y sus deseos de amar y ser amado, desde su vida y, sobre todo, desde su espíritu. El médico ve en sí mismo al hombre que atiende, experimenta en sí mismo lo que experimentan sus enfermos, y de ahí debe nacer una compasión y una cercanía humana muy especial con el que sufre, con el que recurre a él.

La medicina a la luz del misterio del dolor

Esta reflexión nos introduce en un misterio más al que se enfrenta la medicina en este fin de siglo: el misterio del dolor. El hombre de este siglo XX está enemistado con el dolor. Lo quiere erradicar a toda costa de su vida, pero ha comenzado a darse cuenta de que es imposible. El hedonismo nos ha llevado a buscar la salud perfecta, la eterna juventud, la plenitud de fuerzas prolongada el mayor tiempo posible. Y en medio de ese proyecto, la aparición de la enfermedad, del dolor, de la desolación, se convierte en algo amargo, inaceptable.

¿Dónde queda esa pretensión de perfección cuando el ser humano se encuentra ante enfermedades todavía incurables, como el SIDA? ¿Dónde queda la técnica cuando no tenemos a mano la píldora del remedio inmediato? ¿Dónde se sitúa la ciencia ante la ineludible realidad de la muerte? ¿Por qué el genio humano no ha podido todavía arrojar de su vida el lastre de la cruz?

La vida humana está llena de cruces que no nos podemos sacudir, miles de cruces que nos tocan de lejos o de cerca. Hay muchos dolores humanos que no encuentran remedio médico. Ante este problema, ¿qué actitud se puede tomar? ¿la del masoquista que se complace en el dolor? No, la del ser humano redimido por Cristo que ve en el dolor un camino de amor, la de Cristo ante la cruz.

"El dolor y la enfermedad forman parte del misterio del hombre en la tierra. 
Ciertamente, es justo luchar contra la enfermedad, porque la salud es un don de Dios. Pero es importante también saber leer el designio de Dios cuando el sufrimiento llama a nuestra puerta".(9)

Jesús no era un masoquista, pero amó el dolor que rechazaba.(10) Ahí está la base de la aceptación del dolor. Ahí está su enseñanza: "El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame".(11) Para ir en pos de Cristo hay que negarse a sí mismo y tomar esta cruz. "Los cristianos tienen que imitar los sufrimientos de Cristo, y no tratar de alcanzar los placeres. Se conforta a un pusilánime cuando se le dice: Aguarda las tentaciones de este siglo, que de todas ellas te librará el Señor, si tu corazón no se aparta lejos de él.

Porque precisamente para fortalecer tu corazón vino él a sufrir, vino él a morir, a ser escupido y coronado de espinas, a escuchar oprobios, a ser, por último, clavado en una cruz. Todo esto lo hizo él por ti, mientras que tú no has sido capaz de hacer nada, no ya por él, sino por ti mismo".(12) "Desde hace dos mil años, desde el día de la pasión, la cruz brilla como suprema manifestación del amor que Dios siente por nosotros. Quien sabe acogerla en su vida, experimenta cómo el dolor, iluminado por la fe, se transforma en fuente de esperanza y salvación".(13)

El signo de los discípulos de Cristo es esta aceptación generosa del sufrimiento, algo absurdo para el hombre de hoy y de siempre, una necedad,(14) quizás porque, como dice San Pablo, "el hombre naturalmente no capta las cosas del Espíritu de Dios; son necedad para él. Y no las puede conocer pues sólo espiritualmente pueden ser juzgadas".(15) Y volvemos a la realidad del espíritu del hombre, algo que supera el alcance de la ciencia.

San Basilio señalaba que: "A menudo, sin embargo, las enfermedades son castigos por los pecados, enviadas para nuestra conversión. El Señor, está escrito, castiga al que ama.(16) Y más aún: "Por eso hay entre vosotros muchos enfermos y muchos débiles, y mueren no pocos. Si nos juzgásemos a nosotros mismos, no seríamos castigados. Mas, al ser castigados, somos corregidos por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo".(17)

Por ello, si nos encontramos en condiciones similares, habiendo reconocido nuestras culpas y abandonado el uso de la medicina, debemos soportar en silencio esas penas, de acuerdo a aquél que dice: "La cólera de Yahveh soportaré, ya que he pecado contra él"(18); y debemos también enmendarnos, hasta comer los dignos frutos de la penitencia, recordando de nuevo al Señor que dice: «Mira, estás curado; no peques más, para que no te suceda algo peor»(19y20).

La enfermedad es, también, entonces, camino de conversión.

Su Santidad Juan Pablo II es un maestro del significado del dolor, que nos ha enseñado a encontrar el sentido de este misterio que atenaza al hombre. Él es un Papa muy cercano al sufrimiento humano. Se identifica fácilmente con el dolor de los enfermos, comparte la desgracia ajena, se interesa por todo aquello en lo que el hombre aparece agredido física o espiritualmente.

Todavía recuerdo, por ejemplo, el momento en que en una visita apostólica a Brasil, un niño de las favelas rompió el cordón de seguridad y se acercó al Santo Padre para pedirle una limosna. El Papa se quitó su anillo y se lo dio. Detrás de este gesto se descubre el corazón de un hombre compasivo cercano al dolor ajeno.

Viendo a Juan Pablo II se puede afirmar aquella frase de San Pablo: "Completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo, en favor de su Cuerpo, que es la Iglesia".(21) Precisamente, con este pensamiento comienza el Papa su carta apostólica Salvifici Doloris. En ella recoge sus profundas reflexiones sobre el sentido del sufrimiento humano unido a la cruz de Jesucristo.

El sufrimiento, según el profundo pensamiento del Papa Juan Pablo II, es "verdaderamente sobrenatural y a la vez humano. Es sobrenatural, porque se arraiga en el misterio divino de la redención del mundo, y es también profundamente humano, porque en él, el hombre se encuentra a sí mismo, su propia humanidad, su propia dignidad y su propia misión".(22)

El dolor es el momento profundo en que el ser humano se encuentra consigo mismo.

Los que han trabajado en la pastoral de la salud saben la verdad tan dramática que se encuentra detrás de esta afirmación. El dolor es un momento en que el hombre se presenta cara a cara ante sí mismo, sin tapujos, sin atenuaciones, sin falseamientos.

El Papa ha dicho también que el dolor es una prueba,(23) una prueba que evidencia el amor, que hace presente el amor de Dios en el mundo. El sufrimiento humano es muchas veces una expresión de amor. El dolor por el ser querido que ya no está junto a nosotros es un modo nuevo de expresarle nuestro amor. El mismo amor que antes se evidenciaba en caricias o abrazos, ahora se hace dolor por la ausencia.

Amor y dolor forman un binomio que va estrechamente unido en nuestra fe cristiana.

Amor y dolor son realidades que se implican, que viven estrechamente unidas en la imaginería cristiana que llena nuestras iglesias, nuestro templos, y en lo más profundo del corazón de los cristianos. Amor hacho dolor y dolor siempre vivido en el amor, siguiendo el ejemplo de Cristo.

El dolor sin amor sólo engendra amargura y desesperación, rebeldía y desesperanza. El amor sin dolor es frágil, superficial, incompleto, antojadizo. La cultura en la que vivimos inmersos promete la felicidad en esta vida y se presenta como al alcance de la mano, algo fácil de construir sin demasiado esfuerzo, pero los seres humanos sabemos por experiencia que la felicidad en el amor requiere de la donación personal sacrificada. El dolor puede ser un camino hacia el amor y al amor auténtico y completo sólo se llega por el dolor de la abnegación personal de sí mismo en favor del otro.

El dolor es también un camino de esperanza gracias a la Resurrección de Jesucristo. Eso es lo que refleja el rostro de la Piedad de Miguel Ángel: hay un dolor por su Hijo muerto y, al mismo tiempo, una serena esperanza confiada en que no todo acaba ahí. Hay un después. El dolor no es el fin de la existencia humana, sino un paso, una Pascua hacia la salvación. El dolor es salvífico.

El dolor vivido con sentido de eternidad es un signo de esperanza para el mundo de hoy. Igual que el "Buen Ladrón" del Evangelio se conmueve y se convierte al contemplar el sufrimiento de Jesucristo,(24) así, la respuesta cristiana ante el sufrimiento humano es seguramente uno de los más grandes signos de credibilidad del Evangelio.

Aceptar el dolor y servir al que sufre son los grandes mensajes del cristianismo actual a un mundo insolidario que muchas veces desprecia al que sufre. El dolor vivido en el sacrificio por el otro es el signo del discípulo de Cristo: "Celebrar la Eucaristía comiendo su carne y bebiendo su sangre significa aceptar la lógica de la cruz y del servicio. Es decir, significa estar dispuestos a sacrificarse por los demás, como hizo Él".(25)

El Papa Juan Pablo II ve su sufrimiento como un servicio a la Iglesia.

Sufrir es servir, dice en la Carta Apostólica Salvifici Doloris.(26) Es completar el sacrificio de Jesucristo en favor de la Iglesia. El Papa ve su sufrimiento como un modo de vivir su identidad de "Siervo de los siervos de Dios". Un hombre que tiene como vocación el no vivir para sí mismo, sino para los demás.


La medicina a la luz del misterio del amor.

Este último pensamiento nos introduce en la clave de bóveda de la profesión médica, de hoy y de siempre: el amor por el hombre. La medicina no es una ciencia teórica que simplemente enuncia leyes y teorías siguiendo el método empírico-teórico. Es algo más, es una ciencia puesta al servicio del hombre en lo más valioso que tiene, en la vida, porque es la base de los demás dones.

La medicina es una ciencia que se hace servicio y el servicio es la palabra más exacta para definir la actitud de Cristo hacia el hombre durante su vida entre nosotros: servir y dar su vida en rescate por muchos.(27) El médico, la enfermera, el agente sanitario, también es alguien que sirve y da su vida por muchos hombres. Desde sus estudios, el médico, la enfermera, el agente sanitario, ponen su vida al servicio de los demás en el sacrificio de sí mismos. ¡Cuántos desvelos por el enfermo, cuántas horas de entrega, cuántas privaciones, cuántos sacrificios hechos por amor en la atención al prójimo que sufre!.

La medicina es amor que pone remedio al dolor.

Es misericordia, acercamiento amoroso al enfermo, que es visto como prójimo que sufre. Es técnica que estudia para remediar el dolor. Es ciencia que se aproxima al ser humano, pecador, pero hijo amadísimo de Dios. La medicina es una disciplina que descubre en el hombre su elevada dignidad y se dirige a Dios como referencia última de esa dignidad que sobrepasa los límites de su conocimiento: "¿Qué cosa, o quién, fue el motivo de que establecieras al hombre en semejante dignidad? Ciertamente, nada que no fuera el amor inextinguible con el que contemplaste a tu criatura en ti mismo y te dejaste cautivar de amor por ella.

Por amor lo creaste, por amor le diste un ser capaz de gustar tu Bien eterno".(28) El enfermo no es sólo el objeto de estudio de la medicina, sino el prójimo al que se sirve con la entrega generosa de la propia vida y con la admiración de quien sabe que se encuentra ante un ser que encierra una dignidad y un misterio: la dignidad de hijo de Dios y el misterio de la inhabitación trinitaria.

En este sentido, la ciencia médica es un don de Dios que permite al hombre redimir uno de los efectos más visibles que el pecado ha dejado en su naturaleza: la enfermedad. San Basilio lo explicaba con un lenguaje que nos resulta muy elocuente en su sencillez:

"En efecto, cuando nuestro cuerpo yace enfermo, abatido por las enfermedades o por molestias de diversa naturaleza, ya sea por causas externas, o internas, por causa de los alimentos ingeridos y sufre ora por el exceso, ora por la carencia, entonces Dios, moderador de nuestra existencia nos ha concedido el don de la ciencia médica, gracias a la cual se redimensionalo superfluo y se acrecienta lo que se encuentra en proporciones muy reducidas. De hecho, del mismo modo que, si nos encontrásemos en el Paraíso, no tendríamos de ningún modo necesidad ni de conocer ni de practicar la agricultura, de la misma manera, si fuésemos inmunes a las enfermedades, como antes de la caída, no haría falta la ayuda de ninguna medicina para curarnos. Sin embargo, después de haber sido expulsados de aquel lugar y después de haber oído: "Con el sudor de tu rostro comerás el pan",(29) habiendo gastado muchos esfuerzos para cultivar la tierra, hemos inventado el arte de la agricultura para mitigar los dañinos efectos de la maldición divina, mientras Dios mismo favorecía en nosotros la inteligencia y el conocimiento de aquel arte.

Pues bien, del mismo modo, dado que nos ha sido ordenado volver a la misma tierra de la cual habíamos sido formados y estamos ligados a nuestra dolorosa carne, destinada a la muerte a causa del pecado y sujeta por ello a las enfermedades, se nos ha ofrecido también la ayuda de la medicina, para que en ciertas ocasiones y en cierta medida, los enfermos pudieran curarse.

Así, no es casual que hayan germinado en la tierra las plantas destinadas a curar cada enfermedad; es más, han sido suscitadas por la voluntad del Creador, para que atenuasen nuestros males. Precisamente, por este motivo, aquella eficacia curativa natural escondida en las raíces, en las flores, en las hojas, en los frutos, en los jugos así como todo aquello que los metales o el mar tienen de terapéutico, en nada se diferencia de los elementos análogos descubiertos en los alimentos o en las bebidas.

Los cristianos deben preocuparse de servirse de la medicina, cuando sea necesario, en tal modo que no atribuyan a ella todas las causas de su buena o mala salud, sino de usar los medios que ella nos ofrece para dar gloria a Dios...

De todas formas, y ciertamente no por el hecho de que algunos utilicen neciamente la medicina, tenemos que renunciar a su utilidad. En efecto, no porque ciertos intemperantes, practicando el arte de la cocina o de la repostería o de la moda, abusan en la concepción de cosas voluptuosas, sobrepasando los límites de la necesidad; por esto todas las artes deben ser rechazadas por nosotros...

Se nos da el beneficio de la buena salud, ya sea por medio del vino mezclado con aceite,30 como en el caso de aquél que se encontró con los ladrones, ya sea por medio de los higos, como en Ezequías.(31 y 32)

El médico y el agente sanitario colaboran en la lucha contra los efectos del pecado, última causa de la enfermedad. Los médicos saben lo que significa ese rescate de nuestro cuerpo (33) del que habla San Pablo. Su lucha contra el mal biológico es un signo del amor de Dios que sigue reconquistando la creación por medio del hombre.

El agente sanitario usa los dones de Dios para servir a sus hermanos.

Si el hombre, todo hombre, puede colaborar con Dios en su acción salvífica; por la medicina, lucha contra el desorden que ha dejado el pecado en el mundo. Médicos y agentes sanitarios, sean signos de este amor de Dios hacia el hombre. Sean hombres y mujeres que ponen su vida al servicio del hombre combatiendo el mal y venciéndolo con el bien.

Sean instrumentos de la misericordia de Dios, sean presencia del amor redentor de Cristo que acoge y cura. No dejen que su vocación se pierda en un pragmatismo frío y distante que no ve más allá de unas técnicas y unas leyes naturales. El médico, el agente sanitario, puede ser un signo del amor de Dios entre los hombres, sus hermanos, el que pone su corazón enmedio de las miserias humanas. Eso es la misericordia, la debilidad de Dios y nuestra fortaleza.

En dos mil años, el ser humano ha aprendido muchas cosas. 

Ha establecido una relación más profunda con la realidad que lo rodea. Se puede decir que ahora conoce con mayor exactitud el mundo creado, desde el macrocosmos hasta el microcosmos. Ha descubierto las leyes que rigen la vida y las causas de la enfermedad, lejos ya de las antiguas conjeturas sin base científica.

En los últimos siglos ha dado pasos de gigante en la penetración de los grandes procesos de la vida humana. Precisamente por eso, ahora que conocemos más al hombre, ahora que la medicina ha penetrado mejor el secreto de la transmisión de la vida, ahora que avanzamos en la técnica y en la ciencia médica, avancemos también en el mayor respeto de este maravilloso don de Dios.

De nada valdría todo el esfuerzo científico si este no se tradujese en un servicio más completo hacia cada ser humano en el respeto de su integridad y en la piadosa consideración de la riqueza espiritual que se nos manifiesta en sus obras y, sin embargo, se nos escapa de nuestros instrumentos de estudio. Respetemos al hombre, amemos al hombre, protejamos su misterio, su espiritualidad.

Cerremos estas ideas refiriéndonos a María Santísima, la Madre que dio su sí generoso para la Encarnación del Verbo (34), y que acompañó en el Calvario a Cristo herido,(35) cubierto de llagas, maltratado, con la sed de los moribundos(36).

La realidad del Calvario es la que se vive en muchas urgencias. María acompaña al herido sangrante y amoratado en una escena que puede llevar consuelo a las salas de urgencias. Está él, y desde su cruz de herido terminal, mira a su Madre de la que recibe consuelo. Por eso, los cristianos, cuando nos sentimos agobiados por el dolor, hemos aprendido de Cristo a buscar refugio en los brazos de María, como el niño que se encuentra ante algún peligro y corre al seno de su madre para desahogarse en llanto. Que Ella, consoladora de los afligidos, auxilio de los enfermos, nos acompañe y nos ayude a investigar todo lo investigable y a venerar silenciosa y humildemente lo ininvestigable.

Si deseas ver las imágenes 3D y 4D de un embrión en sus primeras semanas de vida en el vientre materno, en las cuatro primeras imágenes, haz clic, para ver el video


NOTAS

1 Cf Credo Niceno-constantinopolitano.
2 Cf Juan 1,14.
3 Lucas 1,35.
4 Cf Congregación para la Doctrina de la Fe, Declaración Dominus Iesus 12-15, 6 de agosto de 2000.
5 Cf Colosenses 1,15-16.
6 “Apprenez que l´homme passe infinitment l´homme”, BLAS PASCAL, Pensées.
7 ROMANO GUARDINI, Ética, lecciones en la Universidad de Munich, c 11, 2, BAC, Madrid 1999, p 715.
8 Cf Génesis 1,28-30; 9,7.
9 JUAN PABLO II, Homilía con ocasión del Jubileo de los enfermos y de los agentes sanitarios, Roma, 11 de febrero de 2000.
10 Cf Mateo 26,39.
11 Cf Mateo 16,24; Marcos 8,34; Lucas 9,23.
12 SAN AGUSTÍN, Sermón sobre los pastores, Sermón 46,10-11.
13 JUAN PABLO II, Homilía con ocasión del Jubileo de los enfermos y de los agentes sanitarios, Roma, 11 de febrero de 2000.
14 “Pues la predicación de la cruz es una necedad para los que se pierden; mas para los que se salvan -para nosotros- es fuerza de Dios. Porque dice la Escritura: Destruiré la sabiduría de los sabios, e inutilizaré la inteligencia de los inteligentes. ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde el docto? ¿Dónde el sofista de este mundo? ¿Acaso no entonteció Dios la sabiduría del mundo? De hecho, como el mundo mediante su propia sabiduría no conoció a Dios en su divina sabiduría, quiso Dios salvar a los creyentes mediante la necedad de la predicación. Así, mientras los judíos piden señales y los griegos buscan sabiduría, nosotros predicamos a un Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; mas para los llamados, lo mismo judíos que griegos, un Cristo, fuerza de Dios y sabiduría de Dios. Porque la necedad divina es más sabia que la sabiduría de los hombres, y la debilidad divina, más fuerte que la fuerza de los hombres” (1 Corintios 1,18-25).
15 1 Corintios 2,14.
16 Proverbios 3,12.
17 1 Corintios 11,30-32.
18 Miqueas 7,9.
19 Juan 5,14.
20 BASILIO IL GRANDE, Regole lunghe, 55,1-5.
21 Colosenses 1, 24.
22 JUAN PABLO II, Carta Apostólica Salvifici Doloris 31, 11 de febrero de 1984.
23 Cf Salvifici Doloris 23.
24 Uno de los malhechores colgados le insultaba: «¿No eres tú el Cristo? Pues ¡sálvate a ti y a nosotros!» Pero el otro le respondió diciendo: «¿Es que no temes a Dios, tú que sufres la misma condena? Y nosotros con razón, porque nos lo hemos merecido con nuestros hechos; en cambio, éste nada malo ha hecho». Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando vengas con tu Reino». Jesús le dijo: «Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso» (Lucas 23,39-43).
25 JUAN PABLO II, Homilía durante la clausura de la XV Jornada Mundial de la Juventud, Tor Vergata, Roma, 20 de agosto de 2000, 5.
26 Cf Salvifici Doloris 27.
27 Cf Mateo 20,28; Marcos 10,45.
28 SANTA CATALINA DE SIENA, Il dialogo della Divina provvidenza, 13: ed. G. Cavallini (Roma 1995) p. 43.
29 Génesis 3,19.
30 Cf Lucas 10,30-34.
31 Cf 2 Reyes 20,7.
32 BASILIO IL GRANDE, Regole lunghe, 55,1-5
33 "La creación, en efecto, fue sometida a la vanidad, no espontáneamente, sino por aquel que la sometió, en la esperanza de ser liberada de la servidumbre de la corrupción para participar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Pues sabemos que la creación entera gime hasta el presente y sufre dolores de parto. Y no sólo ella; también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, nosotros mismos gemimos en nuestro interior anhelando el rescate de nuestro cuerpo" (Carta de San Pablo a los Romanos 8,20-23).
34 Cf Lucas 1,38.
35 Cf Juan 19,25. 
36 Cf Juan 19,28.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Virgen del Carmen Reina del Sótero

En el mes de Abril, la Virgen del Carmen regalada por el Papa  Benedicto XVI con  motivo del Bicentenario, inició un peregrinaje  por todo  Chile  haciendo llegar  a todos  su consuelo Maternal  en esta tierra afectada por grandes catástrofes, por cambios políticos y por la celebración del bicentenario,  enseñando a quién la acepta  a  sentirse  Misioneros de Cristo.


Hace ya un par de meses  los miembros de la  Pastoral Hospitalaria del complejo asistencial recibieron el emocionante  anuncio de parte del Padre Jaime Fernandez  M. Vicario de la Pastoral Hospitalaria del Arzobispado de Santiago: María, la Virgen Misionera  También vendría a nuestro Hospital

 ¿Cómo he merecido yo que venga a mí la madre de mi Señor? (Lc 1,43)

Con gran alegría en los corazones, todos los miembros de la Pastoral Hospitalaria en un mismo espíritu   iniciaron   los preparativos para este encuentro. Cada uno por separado y  reuniéndose  cada vez con mayor  frecuencia,  fueron delineando la ruta, las estaciones que  rendirían homenaje a la Virgen  y preparando  los detalles que inspira la Cercanía de la Madre. Un deseo común es manifiesto  en el corazón de los organizadores y  miembros de la Pastoral:
”Queríamos que todo el  Complejo, Pacientes  y  Funcionarios  sintieran la visita de la madre”.

El día de la visita desde temprano se observaba un ambiente diferente, alegre, festivo, se veían personas hermoseando los lugares donde se detendría la Peregrina , revisando los detalles y aportando los medios a su alcance, el voluntariado de Cáritas trajo rosarios y estampas, se elaboraron encintados de recuerdo,  y la gente se empezó a reunir. No exentos de contratiempos, El Director, por un  asunto de última hora, se excusó  enviando una representante en su lugar,  se nos presentaron algunos detalles  imprevistos, pero claro, María es Madre y  nos lo solucionó de manera admirable.

Empezamos la recepción, el Espíritu actuó y empezaron las vivas y las alabanzas espontaneas a la Madre,  El Capellán del Casr  Padre Lorenzo Baderna  abre la  ceremonia  y luego de los saludos formales de la Dra. Elisa Llach y un esquinazo del Grupo Folklórico, se dió paso a la procesión   que rodeó con rezos y cantos las instalaciones del Casr. Se  prepararon 7 estaciones  de detención en cuyo punto  fueron bendecidos los servicios colindantes.
Se ofrecieron pétalos de flores al paso de la virgen.


El emotivo encuentro contó con la participación de nuestro Vicario pastoral Padre Jaime Fernandez, el Vicario Episcopal para la zona del Maipo   el Padre Aldo Coda, Representantes de la Comunidad Barnabita, a la cual pertenece el Capellán del Casr., Su Párroco el Padre Paulo Talep,  Diáconos Patricio Epuñan y Patricio Navia éste último, en representación del Hospital Padre Hurtado y su Pastoral de la Oración,  representantes de los seminaristas  Barnabitas y   agrupaciones de voluntariado: Cáritas, Legión de María, Damas de Rojo, entre los asistentes  y un número considerable de pacientes, funcionarios y amigos.

Bajo los árboles de la plaza central del Casr, La hermosa imagen de la Virgen  presidió la liturgia en  las palabras del Padre Aldo, Del Diácono Patricio Epuñan, Del Dr. Juan Villagrán y  en los  demás lectores y en el Coro del Dr. Anuch.
Muchos funcionarios, pacientes, ancianos, jóvenes y niños, se acercaron en este día, algunos con lágrimas en los ojos, para estar cerca de nuestra Madre para hacerle llegar sus suplicas y darle las gracias por tantos favores concedidos.
Y la fe de la gente expresada en esperanza, confianza, en rosarios agotados y oraciones distribuidas,  en cantos emocionados y lágrimas a la partida de nuestra Madre, la que  nos guía, como peregrinos que somos, hacia Jesucristo, a la “Patria Celestial”.

Se Apreció  el compromiso de los  hermanos de la Pastoral, la cooperación  desde distintos ámbitos, según las propias capacidades: escribiendo cartas,  haciendo afiches, labores de difusión,   coordinando  con la Dirección del Hospital, decorando,  guiando la procesión, leyendo en la Liturgia, cantando,  formando un  solo cuerpo, haciendo Iglesia, donde  todos se entregan con  alegría  a sembrar  la unión a través del amor a Jesucristo  y el respeto al ser humano.

Nuestra Madre María del Carmen,  Reina de Chile, Reina del Sótero (como la alabamos en la procesión) es desde ahora un miembro más de la pastoral  Hospitalaria, y para hacerlo patente se le  prendió nuestra insignia al cinto.

              Porque el más hermoso  adorno de una Madre
                             Es la Piedad de sus Hijos….

Visita de la imagen de la Virgen a los hospitales

La visita de la imagen a los hospitales despertó mucha vida. El 3 de noviembre comenzó en el Hospital Roberto del Río, San José y luego e Instituto Nacional del Cáncer. Fue una experiencia llena de calidez y fe. El 16 de noviembre visitó el Hospital Sótero del Río. (ver nota aparte)
El 24 visitó el Hospital Exequiel González Cortés y, a pesar del paro, tuvo muy buena recepción. El 27 al Hospital Barros Luco. Una visita llena de bandas y bailes, muy animada. La última visita a hospitales será al complejo del Hospital del Salvador el 10 de diciembre. Más adelante completaremos las crónicas.

La vida de nuestra Iglesia

El nacimiento de la Iglesia en América, tan lejos de su centro vital en Roma y en un tiempo en que las comunicaciones eran tan difíciles, hizo que psicológicamente se produjera falta de interés acerca de los acontecimientos de la Iglesia en el mundo. Eso, de alguna manera, se ha continuado en el tiempo a pesar de las comunicaciones expeditas. Es común que católicos comprometidos no estén enterados ni de los acontecimientos importantes de la Iglesia ni de los documentos emanados de la Santa Sede. Por ejemplo, para muchos católicos es algo lejano el que el Papa haya mandado la Exhortación Apostólica Verbum Dei. Normalmente serán pocos los que la lean. Más aún, son pocos los que saben en qué consisten esas “Exhortaciones”, fruto de los Sínodos de Obispos que trazan orientaciones de fondo para la Iglesia. Los objetivos de este último documento pontificio son “comunicar los resultados de la asamblea sinodal, redescubrir la Palabra de Dios, fuente constante de renovación eclesial”, así como “promover la animación bíblica de la pastoral, ser testimonios de la Palabra” y por último “emprender una nueva evangelización”.
Aparecida hace un llamado al discipulado e impulsa a dar un paso de maduración como Iglesia y eso significa que debemos comenzar a preocuparnos por lo que sucede en ella. Es preciso superar la realidad de que los católicos se enteren de lo que sucede en su Iglesia a través de una prensa que sólo destaca los escándalos.
En esa línea, quisiéramos comentar que Benedicto XVI convocó a todos los miembros del Colegio Cardenalicio a una jornada especial de “reflexión y oración” para analizar en común las nuevas realidades que preocupan a la Iglesia. Los convocó para la víspera del Consistorio en que nombró 24 nuevos Cardenales a los que el sábado 20 les entregó las insignias del nuevo cargo. Ciento cincuenta cardenales se reunieron con el Papa para debatir algunas de las cuestiones más espinosas para la Iglesia católica en este momento: los casos de curas pederastas, la falta de libertad para los cristianos que viven en zonas conflictivas del planeta, sobre todo en Oriente Próximo, y la apertura de la Iglesia católica a los anglicanos que quieran volver.
Al mirar los temas que se trataron, es fácil percibir las preocupaciones actuales de la Iglesia. El encuentro se llevó a cabo en el Aula Nueva del Sínodo del Vaticano. El secretario de Estado, Tarcisio Bertone, abordó el tema de la libertad religiosa en el mundo debido a que estamos pasando por un período en que están recrudeciendo las persecuciones a los cristianos especialmente en el mundo musulmán. El prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Antonio Cañizares Llovera, reflexionó sobre “la liturgia en la vida de la Iglesia hoy” buscando dar un nuevo impulso en ese campo. Angelo Amato, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, recordó los diez años de la declaración “Dominus Iesus”. Cerró la jornada William Levada, jefe de la Congregación para la Doctrina de la Fe, quien habló sobre la constitución “Anglicanorum coetibus”, que abre las puertas a la conversión masiva de anglicanos al catolicismo. Hizo consciente que estamos viviendo un proceso que vuelve a incentivar el anhelo de llegar a ser “un solo rebaño, bajo un solo pastor”. Recordó que el 8 de noviembre cinco obispos anglicanos de la Iglesia de Inglaterra anunciaron su renuncia a la Iglesia anglicana y su resolución de unirse, en un ordinariato personal, en plena comunión con la Iglesia católica. Por último, se reflexionó acerca de cómo dar “respuesta como Iglesia a los casos de abuso”, esto es, al doloroso tema de la pederastia.
Poco antes, los días 6 y 7 de noviembre, Benedicto XVI visitó España. La prensa mundial destacó los aspectos tristes y negativos de esa visita, especialmente por las manifestaciones gay al paso del Papa. En cambio la Conferencia Episcopal Tarraconense y el arzobispo de Santiago consideran que se abrió una nueva etapa de renovación espiritual. Escribieron cartas de agradecimiento. “Nos proponemos y proponemos a todo el pueblo cristiano que peregrina en Cataluña, una nueva primavera del espíritu, un nuevo impulso evangelizador al servicio de toda la sociedad y una generosa entrega a los más pequeños y necesitados”, señalan los obispos de Cataluña.
Estos comentarios pretenden ayudarnos a estar dispuestos para seguir la vida de la Iglesia en todo el mundo. Ese esfuerzo por estar bien informado  es un signo de madurez cristiana.

Habra un solo rebaño

Como tú me has enviado al mundo, yo también los he enviado al mundo. Y por ellos me santifico a mí mismo, para que ellos también sean santificados en la verdad. No ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que, por medio de su palabra, creerán en mí,  para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno como nosotros somos uno: yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectamente uno, y el mundo conozca que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí (Jn 17, 18-23)
  •    En la llamada “Oración Sacerdotal”, Jesucristo ora por la unidad. El anhelo de que haya un solo rebaño bajo un solo pastor ha permanecido vivo en la Iglesia a lo largo de los siglos.
  •  La unidad no sólo es signo distintivo, sino que es expresión de la esencia misma de la Iglesia como sacramento de unidad y reflejo de la Santísima Trinidad.

Las insidias del demonio en contra de la Iglesia han estado siempre dirigidas a crear división en su interior. Al aparecer pequeños signos de la vuelta a la unidad de los cristianos vuelve a surgir con toda su fuerza ese anhelo.

viernes, 19 de noviembre de 2010

Benedicto XVI: "Salud reproductiva" hiere al ser humano Justicia sanitaria debe ser prioridad de gobiernos e instituciones internacionales

VATICANO, 18 Nov. 10 / 10:06 am (ACI) .- El Papa Benedicto XVI señala que la llamada "salud reproductiva" –término usado comúnmente para incluir la anticoncepción y el aborto– la fecundación in vitro y la legalización de la eutanasia, entre otras prácticas, hieren al ser humano y a la justicia sanitaria que debe ser una de las prioridades de los gobiernos e instituciones internacionales.

El Papa hizo esta afirmación en un mensaje enviado al Arzobispo Zygmunt Zimowski, presidente del Pontificio Consejo para la Pastoral Sanitaria, y a los los participantes de la 25° Conferencia Internacional del dicasterio que se celebra en Roma en estos días bajo el lema "Para un cuidado de la salud igualitaria y humana, a la luz de la "Caritas in veritate".

El Santo Padre indica en el texto que "lamentablemente junto a los resultados positivos y alentadores, hay opiniones y formas de pensamiento" que hieren a la justicia sanitaria y al hombre: "me refiero a cuestiones como las relacionadas con la llamada ‘salud reproductiva’, con el recurso a técnicas artificiales de procreación que implican la destrucción de embriones, o con la legalización de la eutanasia".

Ante este escenario, refiere el Pontífice se hace necesario "el amor a la justicia, la protección de la vida desde su concepción hasta la muerte natural, el respeto de la dignidad de todo ser humano" que "deben ser sostenidos y testimoniados, incluso contra corriente: los valores éticos fundamentales son patrimonio común de la moralidad universal y base de la convivencia democrática".

Benedicto XVI explica luego que "es necesario obrar con mayor empeño en todos los niveles para que el derecho a la salud sea efectivo, favoreciendo el acceso a las atenciones sanitarias primarias".

"En nuestra época se asiste, por una parte, a una atención a la salud que corre el riesgo de transformarse en consumismo farmacológico, médico y quirúrgico, llegando a ser casi un culto del cuerpo, y por otra parte, a la dificultad de millones de personas para acceder a condiciones de subsistencia mínimas y a fármacos indispensables para curarse".

Tras resaltar que "es importante instaurar una verdadera justicia distributiva que garantice a todos, sobre la base de las necesidades objetivas, curas adecuadas", el Papa afirma que "el mundo de la salud no puede sustraerse a las reglas morales que deben gobernarlo para que no se convierta en inhumano".

"Se promueve la justicia cuando se acepta la vida del otro y se asume la responsabilidad por él, respondiendo a sus expectativas, ya que en él se percibe el mismo rostro del Hijo de Dios, que se hizo hombre por nosotros. La imagen divina impresa en nuestro hermano funda la eminente dignidad de cada persona y suscita en cada uno la exigencia del respeto, del cuidado y del servicio".

El Papa señala además que "sólo si se mira el mundo a través de los ojos del Creador, que es mirada de amor, la humanidad aprenderá a vivir en la tierra en paz y justicia, destinando con justicia la tierra y sus recursos para el bien de cada hombre y cada mujer".

Finalmente, el Papa Benedicto XVI expresa su esperanza de que "se adopte un modelo de desarrollo basado en el papel central del ser humano, en la promoción y participación en el bien común, en la responsabilidad, en la toma de conciencia de la necesidad de cambiar el estilo de vida y en la prudencia, virtud que indica lo que se ha de hacer hoy, en previsión de lo que puede ocurrir mañana".


Fuente: aciprensa

lunes, 15 de noviembre de 2010

Salud igualitaria y Pastoral Sanitaria a la luz de la "Caritas in veritate"


Esta mañana, en la Oficina de Prensa de la Santa Sede, ha tenido lugar la presentación de la XXV Conferencia Internacional promovida por el Pontificio Consejo para la Pastoral Sanitaria, que se celebrará el 18 y 19 de noviembre, y cuyo tema este año es: "Para un cuidado de la salud igualitaria y humana, a la luz de la "Caritas in veritate"

Intervinieron en el acto el arzobispo Zygmunt Zimowski, y monseñor Jean-Marie Mpendawatu, respectivamente presidente y subsecretario del Pontificio Consejo para la Pastoral Sanitaria; el padre Maurizio Faggioni, O.F.M., profesor de Bioética en la Academia Alfonsiana, Roma; Mario Benotti, director general de RAI International, Roma y Domenico Arduini, catedrático de Ginecología y Obstetricia, director de la Clínica Obstétrica y Ginecológica del la Universidad de Tor Vergata, Roma.
La Conferencia, dijo el arzobispo Zimowski, "afrontará la cuestión de la paridad de acceso a los servicios sanitarios básicos, no sólo en general, sino en sintonía con la dignidad del ser humano y su vocación. (...) La iniciativa coincide con el 25 aniversario de la fundación del Pontificio Consejo para los Agentes Sanitarios, una ocasión que brinda la oportunidad para evaluar los resultados conseguidos y planificar el futuro".

  A la luz de la encíclica "Caritas in veritate", la Conferencia examinará, entre otras cosas, "las perspectivas fundamentales para una promoción de la salud más equitativa y humana, la misión de la Iglesia en favor de los enfermos, el fomento de la asistencia sanitaria antropocéntrica y el papel de la sociedad civil, de la Iglesia y de otras instituciones y organismos privados en la defensa de la justicia, la equidad y la solidaridad en el ámbito sanitario".

CIUDAD DEL VATICANO, 15 NOV 2010 (VIS).-

lunes, 8 de noviembre de 2010

Curso de formación para voluntarios de la Clínica Familia

Los martes 9 y 16 de noviembre a las 14:15 hrs. se realizará el último curso de formación de voluntarios para formar parte de la Clínica Familia, cuyos esfuerzos se centran en:

1. Atención Hospitalaria a enfermos terminales
2. Visita domiciliaria a enfermos de VIH/Sida
3. Atención, acogida y orientación a la comunidad en general

Con gran entusiasmo se espera a todos aquellos que sientan la inquietud de conocer con mayor profundidad la obra o quieran participar en ella a través de sus distintas áreas y servicios como administración, secretaría, atención, acogida, etc.

Para canalizar cualquier inquietud o deseos de participar llamar al: 2898854 / 2881506 / 2957031 o escribir al correo electrónicofranlewin@gmail.com

Fuente: Clínica Familia - DOP www.iglesiadesantiago.cl 

Santiago, 08/11/201

viernes, 5 de noviembre de 2010

Visita de la imagen de la Virgen a los hospitales

Estamos en medio del ajetreo que significa la preparación de la visita de la imagen de la Virgen del Carmen peregrina. Comenzará el día 3 de noviembre a las 9:00 hrs. en el Hospital Roberto del Río. De ahí pasará al
Hospital San José y luego al Instituto Nacional del Cáncer. Terminará ese día en el Hospital José Joaquín Aguirre. El 16 de noviembre visitará el Hospital Sótero del Río: el 24 el Hospital Exequiel González Cortés: el 27 el Hospital Barros Luco. La última visita a hospitales será a todo el complejo del Hospital del Salvador el 10 de diciembre. Son innumerables las personas que han estado preparando estos acontecimientos. Agradecemos los grupos folklóricos, las bandas de músicos, etc. etc.

Primeras visitas

La visita de la imagen de la Virgen del Carmen Peregrina

No cabe duda de que nuestra Patria ha vivido situaciones impresionantes. Comenzamos el año con el terremoto y el tsunami y hemos acompañado el drama de los mineros atrapados en las entrañas de la tierra. Tal vez lo más impactante para todos los creyentes ha sido la tremenda crisis vivida en las filas del clero. Aún no nos recuperamos de lo sorprendente y doloroso que ha sido para todos mirar tanta miseria donde menos esperábamos encontrarla. Sabemos que Dios es Providente y conduce la historia; por eso estamos atentos preguntándonos qué nos quiere decir con esos remezones tan fuertes. A simple vista hemos podido constatar que esos momentos difíciles y dolorosos han hecho brotar desde el fondo del corazón de nuestros compatriotas lo mejor de ellos. La corriente de solidaridad que brotó espontáneamente ante las desgracias y las muestras evidentes de fe son un testimonio de que algo valioso está sucediente porque el Señor quiere regalarnos bienes especiales a través de esos acontecimientos. Situándonos en ese contexto quisiéramos analizar el significado que tiene la peregrinación de la imagen de la Virgen del Carmen, regalada y bendecida por el Papa, por todos los rincones de la Patria. Para quienes hemos seguido la pista del paso de esa imagen por los diversos rincones de Chile nos parece evidente que ha despertado vida. Se le ha recibido con cariño y expectación. Ahora su visita se realizará en nuestra Arquidiócesis de Santiago.
Para poder comprender en profundidad el significado de ese acontecimiento, además de los acontecimientos impactantes que hemos vivido, tenemos que situarnos en el contexto del Bicentenario y de la Gran Misión Continental.
La visita de la imagen de la Virgen se da en la perspectiva que plantea Aparecida: Es un llamado urgente a la formación de auténticos discípulos misioneros. El Santo Padre, al dar su aprobación para la realización de la Quinta Conferencia del Episcopado en Aparecida planteó una línea clara: “Es necesario recomenzar todo en Cristo”. Una renovación profunda de la Iglesia sólo se da en la medida en que volvemos a lo esencial que es el seguimiento de Cristo como discípulos. La Iglesia siempre ha considerado a María no sólo como Madre de Cristo, sino también como su Compañera y Colaboradora: Es Madre y Educadora de los discípulos. En la Conferencia de Puebla, se la denomina “Educadora de la Fe”. Es así como el recorrido de la imagen tiene como objetivo primordial recordar la misión que ella tiene en la educación de la fe y disponernos para dejarnos educar y vitalizar por ella. No nos basta con alabarla y pedirle ayuda, tenemos que abrirnos a su influencia formadora.
La imagen de la Virgen nos recuerda que María, como colaboradora de Cristo en todo el plan de redención, trae dos regalos: A su Hijo Jesús y el Evangelio. Jesús, que viene representado en el Niño en brazos de su
Madre, es la fuente de vitalidad que necesitamos para renovarnos profundamente en la fe y el Evangelio de Chile nos muestra el camino de vida que Él nos propone. El anhelo profundo que anida en nuestro corazón
es que recibamos esa visita simbólica llenos de fe. Estamos próximos a un cambio de Pastor. Le pedimos a la Santísima Virgen que nos disponga para recibir al nuevo Arzobispo que designará el Santo Padre a fin de
que pueda seguir impulsando con vigor el proceso de renovación de la Iglesia. Esa Iglesia renovada debe llegar a ser luz del mundo y fuente de unidad.
La imagen visitará diversos hospitales en nuestra Arquidiócesis. Esperamos que la acogida sea fervorosa y lúcida. A todos nos corresponde acoger a María en nuestros corazones.

El amor, distintivo de los discípulos

“Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo.» Luego dice al discípulo: «Ahí tienes a tu madre.» Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa.»” (Jn 19, 25-27)

• Para el Evangelista Juan, la escena del Calvario guarda una íntima relación con la escena de las Bodas de Caná. En ambas se muestra a María como Compañera y Colaboradora de Cristo en su misión redentora. En Caná ella toma la iniciativa e intercede ante el Padre para adelantar “la hora” de Cristo. Es así como Él puede manifestar su identidad a través de un milagro. Es por ese evidente poder de intercesión es que en la Iglesia primitiva a María se le denominó “Omnipotencia Suplicante”. Esa es la razón profunda por la que se ha mantenido una confianza instintiva del pueblo cristiano ante su intercesión.
• En el momento culminante de su vida en la tierra, Jesús realiza un gesto de enorme trascendencia para el futuro de su obra: revela la posición de María como gestadora de la vida, como madre espiritual de los discípulos. Ella ha de cumplir con ellos la misión propia de una madre que cuida de la vida de sus hijos y los educa.
• Juan no está al pie de la cruz, junto a María, sólo como persona individual. El representa a todos los creyentes. Nos representa a todos los que seguimos a Cristo. El Evangelio dice que, siguiendo la orientación de Jesús, la llevó a su casa. En el fondo significa que la llevó a su mundo personal, a su propio corazón. Así lo ha entendido siempre la Iglesia al invitarnos a abrir las puertas del corazón a la Santísima Virgen para que ella cumpla su misión maternal de educadora de la fe.
En todos los momentos críticos por los que ha pasado la vida de la Iglesia a lo largo de los siglos, los discípulos más comprometidos con el Señor han levantado los ojos y los han fijado en María. De ella se ha esperado siempre la protección, el estímulo vital y la formación como discípulos misioneros. La tradición mariana de Chile puede mostrar un ejemplo claro de esa realidad. María ha estado presente en nuestra historia como una madre abnegada. También hoy día queremos llevarla a nuestro mundo personal tal como lo hizo Juan en representación nuestra. La Iglesia está pasando por momentos dolorosos y críticos. Por esa razón, a partir de la Quinta Conferencia realizada junto a al Santuario mariano de Aparecida, la Iglesia quiere impulsar una gran Misión Continental de la mano de María.

jueves, 14 de octubre de 2010

Dia mundial de los cuidado paliativos

Fuente: –Centro San Camilo- Tres Cantos, Madrid
xabier@sancamilo.org

En octubre se celebra el día mundial de los Cuidados Paliativos en san Camilo y en el resto del mundo.
Afortunadamente se está desarrollando progresivamente este enfoque que mejora la calidad de vida del enfermo y la atención a las familias que se enfrentan a los problemas asociados con enfermedades avanzadas. Se desarrollan a través de la prevención y el alivio del sufrimiento por medio de una temprana y completa evaluación para el tratamiento del dolor y demás problemas físicos, psicológicos y espirituales.
Pero todavía es insuficiente. Muchos enfermos, muchas familias, de manera diferente en distintos lugares de nuestra geografía y del mundo, no se benefician de ellos. Aún persisten planteamientos curativos y derroche de tecnología en situaciones en las que procederían los Cuidados Paliativos. En el empeño de que esta cultura se difunda y de que los servicios aumenten hasta cubrir las necesidades, trabajamos muchas instituciones.
Son una respuesta ética óptima para promover un modo humanizado de concebir el morir humano de manera digna.
Queremos expresar nuestra cercanía a cuantos viven el final de su propia vida y a sus seres queridos, nuestro homenaje a las personas que apuestan por estos cuidados y se dedican a ellos, reconociendo la vida en abundancia que rezuma en los programas y servicios de Cuidados Paliativos.
Creemos que los Cuidados Paliativos son una labor de todos y que debemos compartir el cuidado con la familia, tanto las instituciones públicas como las privadas; para dar al enfermo la mejor asistencia en cada momento de su enfermedad.
Reivindicamos también, ante toda la sociedad, ante las instituciones que se ocupan de la salud, ante el mundo académico y ante los profesionales de la salud, que cuanto está detrás de la filosofía de los cuidados paliativos es una sana combinación de la sabiduría tecnológica con la sabiduría del corazón para satisfacer con la mayor sensatez las necesidades de numerosos enfermos –no solo oncológicos- al final de la vida, así como de sus familiares, humanizando así el morir.

miércoles, 6 de octubre de 2010

Visita de la imagen de la Virgen a los hospitales

La imagen de la Virgen del Carmen y una copia del Evangelio de Chile ha ido recorriendo todas las diócesis de Chile de sur a norte. A partir de noviembre comenzará a recorrer diversos espacios de nuestra Arquidiócesis. También están programadas algunas visitas a hospitales. Hasta este momento tenemos tres visitas programadas: Al Hospital San José el miércoles 3 de Noviembre desde las 9,00 hrs. Al Hospital del Salvador el 2 de Diciembre desde las 9,00 hrs . Al Sótero del Río el 16 de noviembre a las 12:00 hrs. a las 15:00 hrs.

Ojalá estas visitas de la Virgen a través de su imagen traigan un repuntar de la fe y de la vida cristiana especialmente en la creación de un ambiente de auténtica comunión. Nuestro pueblo se caracteriza por una profunda devoción mariana y un acontecimiento de ese tipo despierta vida. Esperamos, por eso, que todos podamos contribuir para que esos acontecimientos den fruto.

Chile una mesa para todos

Al iniciarse el tercer milenio de la venida de Cristo al mundo, Juan Pablo II planteó a toda la Iglesia un programa de amplio alcance. En su encíclica Tertio Milennio Adveniente lo formuló diciendo “Hacer de la Iglesia casa y escuela de comunión”. Ese programa era respuesta a una doble exigencia: A la fidelidad a la propia misión de la Iglesia y a la necesidad de responder a los anhelos profundos del hombre actual. La Iglesia chilena a partir de Aparecida está buscando los caminos para llevar a la práctica esa orientación del Santo Padre que, en último análisis es un llamado a cultivar seriamente la “Espiritualidad de Comunión”.

Para abordar adecuadamente el tema, de modo que se entienda exactamente qué es lo que se nos está pidiendo en este momento como miembros de la Iglesia, conviene comenzar por esclarecer qué se entiende por espiritualidad. Estamos hablando de aquella fuerza espiritual que partiendo de las grandes verdades de la revelación capta el mundo subjetivo y los anhelos profundos de las personas, influyendo y dinamizando su estilo de vida cotidiano. El componente racional se encuentra en el acervo de verdades de la fe reveladas por Jesucristo y no en apreciaciones puramente subjetivas. La dinámica que impulsa la vida proviene de la captación pedagógica de la subjetividad de las personas al responder a sus anhelos existenciales. Significa, por lo tanto, que la espiritualidad toca el corazón de las personas y no se queda sólo en una elucubración intelectual. La influencia dinamizadora de la vida cristiana será el barómetro que permita evaluar la autenticidad de una espiritualidad. Las formas de expresión muestran que no se queda sólo en puros conocimientos o anhelos, sino que toma forma en la vida cotidiana. Una auténtica espiritualidad cristiana impulsa a la santidad.

No se puede impulsar una auténtica espiritualidad cristiana sin una íntima y clara profundización de las grandes verdades de la revelación que nos han llegado a través de Jesucristo. Es importante, por eso, analizar cuidadosamente aquellas verdades de la revelación que invitan a vivir en comunión y le dan sentido a los esfuerzos y renuncias que exige su cultivo. La primera verdad de fe que invita a la comunión es que fuimos creados a imagen y semejanza de un Dios que es una Comunión de tres Personas distintas. La fidelidad al origen y al modelo exige reflejar a la Santísima Trinidad viviendo en una comunión de amor con Dios y con los hombres. Es el primer referente y lo que le da coherencia al proyecto humano. La segunda verdad fundamental proviene de la orientación del Señor nos dio como objetivo y como signo distintivo el amor fraterno. En la oración sacerdotal al final de la Última Cena ora diciendo:"Que sean uno como Tú y Yo somos uno” y ya antes había puesto el amor fraterno como signo distintivo de sus discípulos: "En esto conocerán que son mis discípulos, en que se aman unos a otros”. Teniendo ese telón de fondo, en el Concilio Vaticano II se reformuló la identidad de la Iglesia diciendo: “La Iglesia es en Cristo, sacramento e instrumento de unidad de los hombres con Dios y de todo el género humano”. Esto significa que el Señor nos proyecto como signo e instrumento de unidad con Dios y con todo el género humano.

Los esfuerzos que significa cultivar la espiritualidad de comunión deben tener objetivos fácilmente comprensibles y claros. De los muchos componentes que tiene una espiritualidad de comunión, JuanPablo II destacó cinco aspectos claves: Requiere un cambio en la mirada, hay que cultivar una mirada cordial o del corazón que ve a la persona y la ve benevolentemente. No busca instrumentalizar ni sacarprovecho de ella. Acoge a la persona. No es puramente funcional. Requiere del cultivo de una sensibilidad que permita sentir al hermano como un regalo de Dios para él. Hace suyas sus necesidades, penas,alegrías y sinsabores. Requiere del cultivo de la capacidad para descubrir en los hermanos la huella de Dios en todo lo positivo que hay en ellos. Pasa por encima de las miserias y se detiene en lo bueno que hay en cada uno. Requiere de un esfuerzo consciente por dar un espacio al hermano aceptando su originalidad y misión, escuchándolo y compartiendo con él, atendiendo a sus anhelos y necesidades. No excluye ni margina, no ignora ni desvaloriza sino que le ayuda a crecer, a realizar originalmente y a cumplir su misión. Requiere esforzarse por hacer de esta espiritualidad el principio educativo de todas las comunidades cristianas. Esto significa que dentro de las múltiples metas que puede tener una comunidad cristiana, el cultivo de la comunión debe ser la más fundamental.

El amor, distintivo de los discípulos

Jesús dijo a sus discípulos: «Les doy un mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros. Que, como yo los he amado, así se amen también ustedes los unos a los otros. En esto conocerán todos que son discípulos míos: si se tienen amor los unos a los otros.»” (Jn 13, 34-35)
  • El mandamiento del amor al prójimo que ya se había promulgado en el Levítico 19,18 recibe una nueva versión, ahora consistirá en la participación en el amor divino de Cristo. Un amor que tiene el sello del mismo Dios.
  • A los discípulos nos corresponde permanecer en el amor y esforzarnos por que ese amor se haga fuente de comunión fraterna.
  • Al discípulo auténtico no se le reconoce en primer lugar por las formas, normas, organizaciones o ritos, que lo rodean, sino por el amor generoso y sincero que brinda a su prójimo.
Jesús, el Verbo encarnado, no vino al mundo a cambiar el plan que el eterno Padre había trazado desde la creación del universo, sino que vino para que ese plan se pudiera realizar plenamente. Dios creó al hombre a su imagen, esto es, debía ser un reflejo de esa Comunión de Personas, que era la Santísima Trinidad. Pero, el pecado original no sólo fue una ruptura de la comunión con Dios, sino también entre los hombres. El reflejo de la Comunión Trinitaria se oscureció. Jesucristo vino a restaurar la comunión con Dios y entre nosotros. La Iglesia debe ser prolongación de Cristo en su misión de instrumento de unión con Dios y con todo el género humano. La unión en un amor auténtico y profundo es la misión permanente de los miembros de la Iglesia.

martes, 7 de septiembre de 2010

Celebración del Bicentenario

Virgen del Carmen, Maipú

Estando en vísperas de la celebración del Bicentenario de nuestra Patria, es impensable que no nos refiramos a él tratando de discernir las voces del tiempo que se refieren a él como voces de Dios. Sabemos que, a la luz de la fe, la celebración de una fecha histórica importante para cada comunidad es una invitación a detenerse, mirar hacia atrás, al presente y hacia el futuro, para detectar el paso de Dios en su historia. Eso vale también para Chile en su Bicentenario.No basta sólo con organizar festividades externas, que pasan sin dejar ninguna huella, hay que aprovechar el acontecimiento para crecer en los valores propios del patrimonio nacional.

Ciertamente la manera como se asume una celebración de este tipo dependerá del sentido que se le dé a la historia. Para muchos simplemente será la narración de eventos del pasado y la ocasión para resaltar las grandes figuras históricas. Para otros será una ocasión y un pretexto para celebrar festividades populares o fabricar monumentos. Para los creyentes, en cambio, es un llamado a descubrir el plan de Dios en su propia historia. Dios es el Señor de la historia y Él conduce cada etapa de ella según un plan sabio.

La mirada hacia atrás en estos doscientos años de vida republicana nos invita a reconocer los regalos recibidos de parte del Señor, a valorar y agradecer aquello con que nos ha enriquecido, a pedir perdón por las injusticias, faltas de solidaridad y de fe y a ver las heridas que hay que sanar y las tareas que están pendientes. El sólo hecho de examinar en profundidad las raíces de la propia identidad y cultura se recibe un impulso que conduce a una maduración como pueblo que asume su identidad y carácter.

La coincidencia de la celebración del Bicentenario con la corriente de vida surgida en torno a Aparecida nos parece providencial. Celebramos esta fecha histórica en el horizonte de la convocación a una nueva evangelización, En el encuentro de Aparecida nos invitó a profundizar y revitalizar el discipulado recomenzándolo todo en Cristo a fin de poder anunciarlo con palabras y testimonios, pero con un respaldo coherente en la vida. Durante 200 años la Iglesia ha tratado de evangelizar a nuestro pueblo dando un apoyo vital al desarrollo de la nación. Pero ahora, en un tiempo de cambio radical, se nos pide una revisión y una revitalización radicales. El gran desafío de este momento crucial de la historia es evangelizar la nueva cultura e iluminar con la luz de Cristo la nueva mentalidad.

Chilenos en el Vaticano
Al hablar de Chile no podemos olvidar que vivimos en una “aldea global” y que estamos relacionados con todos los pueblos de la tierra. Estamos continuamente recibiendo influencias de otros pueblos y de otras maneras de pensar. Por eso, se puede decir que Chile no es algo terminado, es una tarea permanente. Es la tarea de comprometernos con nuestra identidad nacional (alma de Chile) en medio de un tiempo de cambio radical. Hay que detenerse para tratar de entender en que consiste nuestra “historia” y nuestra “identidad” para poder proteger y cultivar lo que le da sentido a nuestro quehacer nacional y a nuestra convivencia social. La coherencia del pueblo supone una integración del pasado con el presente y en proyección al futuro. Celebrar una etapa de la historia no puede consistir sólo en recordar eventos y destacar figuras relevantes. No basta la narración de sucesos del pasado, es preciso hacer un esfuerzo por ajustarse mejor al plan de Dios.


A simple vista vemos que la historia de Chile ha estado marcada por la presencia especial de la Santísima Virgen. La estatua de la Inmaculada en la cima del cerro San Cristóbal y la celebración del Mes de María, nos muestran que el rasgo mariano es distintivo de nuestro pueblo. Junto con ese rasgo tan hermoso, nos damos cuenta que hay dos tendencias naturales que representan aspectos distintivos de nuestra originalidad: La gran sensibilidad frente a los acontecimientos que requieren de la solidaridad de toda la comunidad y la tendencia natural a respetar la ordenación jurídica. Estos rasgos y muchos otros, deben ser motivo de reflexión para conservar y perfeccionar el patrimonio nacional en este tiempo de cambio de mentalidad y costumbres.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Los signos de los tiempos

CONOZCAMOS AL SEÑOR Y A SU EVANGELIO

“«Se acercaron los fariseos y saduceos y, para ponerle a prueba, le pidieron que les mostrase una señal del cielo. Mas él les respondió: «Al atardecer dicen: “Va a hacer buen tiempo, porque el cielo tiene un rojo de fuego”, y a la mañana: “Hoy habrá tormenta, porque el cielo tiene un rojo sombrío.” ¡Conque saben discernir el aspecto del cielo y no pueden discernir las señales de los tiempos!»” (Mt 16, 1-3)

  • La presencia de Cristo, sus milagros y enseñanzas son una manifestación de que el tiempo de salvación anunciado por los profetas ha llegado.
  • Él mismo es un signo del tiempo mesiánico que sólo se puede conocer a través de la actitud creyente.
  • Jesús enseña que Dios habla a través de los signos de los tiempos.
  • El creyente debe estar atento a las señales que da le Dios para su orientación

La fe no consiste sólo en aceptar como verdaderos ciertos conocimientos acerca del mundo sobrenatural. Es, más bien, una manera de relacionarse con Dios. El verdadero creyente se sitúa ante Dios como ante su Creador y Dueño de la vida. Sabe que Dios creó el universo y al ser humano con sentido y que lo conduce siguiendo un plan que brota de su Sabiduría y Amor. Al vivir de la fe, el creyente tiene que estar atento a los signos a través de los cuales Dios le da a conocer su voluntad. Ante cada situación histórica se pregunta qué
quiere Dios con esa realidad y qué espera de los que están dispuestos a seguirlo.

viernes, 6 de agosto de 2010

Las raíces históricas de nuestra pastoral

Mirando algo de la historia de la Iglesia podemos reforzar nuestra misión cristiana frente a los hermanos enfermos. Desde la primera comunidad de Jerusalén, hasta nuestra época, la Iglesia se ha preocupado especialmente de ellos. Durante los tres primeros siglos, marcados por una situación de persecución permanente e ilegalidad, los cristianos no podían tener instituciones públicas para la asistencia a los enfermos. Esas instituciones tampoco existían en la sociedad imperial que no organizó establecimientos hospitalarios al margen de la asistencia prestada a los soldados heridos o enfermos. Se consideraba esta actividad como despreciable, propia de esclavos. Pero, en oposición a filosofías despreciativas en relación con el cuerpo (“El cuerpo, cárcel del alma”, Platón), la fe cristiana con Tertuliano (160-220) afirmará su dignidad: “la carne es el gozne de la salvación”. Más tarde, santo Tomás de Aquino dirá que la gracia edifica sobre la naturaleza, la sana, la eleva y la perfecciona, pero nunca prescinde de ella.
San Camilo de Lelis

En una primera etapa, a pesar de las persecuciones, los cristianos organizaron de un modo eficaz la asistencia individualizada a los pobres y enfermos a domicilio. San Justino (100-165) comenta que en los domingos hacían colectas para ellos. El obispo era el primer responsable de la atención a los pobres y enfermos en cada comunidad. Gracias a él y a los diáconos y diaconisas, y más tarde a las vírgenes consagradas, aparece, por primera vez en el mundo, una organización caritativa totalmente desinteresada al servicio de los pobres y enfermos. Ejemplo brillante es el diácono san Lorenzo. Antes de administrar el bautismo a los catecúmenos se les preguntaba por su atención a los enfermos, condición indispensable para aceptarlos en el seno de la comunidad: “¿Han honrado a las viudas? ¿Han visitado a los enfermos? ¿Han hecho toda suerte de obras buenas?”. San Cipriano (258) consideraba las acciones cristianas como «Las obras de nuestra justicia y de nuestra misericordia». Evangelización y diakonía eran inseparables.
En las primeras comunidades no faltaban los médicos cristianos. San Lucas evangelista era médico (Cfr. Col. 4, 14). Alejandro el Frigio y Zenobio fueron médicos y mártires. Los santos Cosme y Damián fueron también médicos martirizados, llamados «anárgiros» (sin dinero) porque no cobraban por sus servicios. Teodoro de Laodicea fue obispo y médico, según el testimonio de Eusebio de Cesarea. En torno al año 350, San Basilio el Magno de Cesarea dirige palabras de elogio a su médico Eustacio (Cfr. Epist. 189 Nº 1).
Esta solicitud cristiana hacia los enfermos causó admiración entre los paganos. Maravillosa fue la actuación de los cristianos en la peste de Corinto, año 250. El mismo Juliano el Apóstata (331-363) incitaba a los sacerdotes paganos a «tener el mismo celo que tienen los impíos galileos».
A partir del edicto de Milán, promulgado por los emperadores Constantino y Magencio (313), la Iglesia ya pudo crear instituciones algo especializadas. Con la aparición de los monasterios urbanos surgen las primeras casas de la caridad para el cuidado de enfermos y pobres: nosocomios, para los enfermos; gerontocomios, para los ancianos; xenodoquios, para los peregrinos; orfanatos, para huérfanos. La madre del emperador Constantino, santa Elena, erigió los primeros hospitales bajo el signo del cristianismo. San Efrén (337) fundó en Edesa uno para apestados. San Juan Crisóstomo (407) informa de otro para leprosos cerca de Constantinopla. En Roma
se fundaron a principios del siglo V varios hospitales regentados por
dirigidos espirituales de san Jerónimo: el del patricio Panmaquio; el de
santa Paula y su hija Eustaquia; el de Fabiola (400), hospital dividido en
sectores según las distintas clases de enfermos. Se asume la medicina
de su época, la griega, valorando mucho los textos del Corpus Hipocraticum
(460-370 aC.), por su alto imperativo de la responsabilidad. En
el 325, el concilio de Nicea recomienda a los obispos la creación de un
hospital en cada ciudad. Los emperadores bizantinos desde Justiniano
(530) favorecieron esta iniciativa. El primer hospital de peregrinos del
que se tiene conocimiento fue construido por el obispo Eustacio de Sebaste
(365), acogiendo en el a enfermos y leprosos. Fue san Basilio, el
gran legislador del monacato oriental, quien confió por primera vez a
los monjes un cometido sanitario. Funda el 3-9-374, junto a su monasterio
de Cesarea de Capadocia, un hospital bajo la advocación de san
Lázaro, para atender especialmente a los leprosos Su hermana Macrina
creó otro.
Mirando lo más genuino de nuestra tradición cristiana sentimos
que existe un imperativo de misericordia que se debe mantener en el
tiempo. Esto significa que la sensibilidad ante el dolor ajeno debe permanecer
como signo distintivo de los cristianos. Los hospitales son espacios
donde mejor se puede trasparentar esta actitud de misericordia.
Junto a la eficiencia profesional, es indispensable irradiar el espíritu
cristiano de misericordia.